Tía Lucy.
Ah, que vejez tan jovial, tía Lucy,
Que juventud tan vieja,
Llegas a cualquier lado, y ese lado, sea cual sea,
Sube el ánimo de la alegría,
Y ahí vas, ahí te veo, en el cielo.
En el pequeño cielo de la ciudad,
Muy pequeño, y una gran ciudad.
Ah, la jacarandosa tía Lucy,
Como quisiera acercarme a ti
Y respirar de ti la felicidad,
Porque vienes de la serenidad,
Del respeto de la historia,
Desinhibida, sin importar los murmuros,
Tú vives, como si fuera la vida
Lo único que te queda.
Y tú vives, y mueres y vuelves a vivir,
Con tus 82, 102, que mas da,
Porque de tus labios, tía Lucy,
Sale el pasado,
Salen los rezos profanos del señor de las alturas,
Sale la pequeña lucidez del que olvida,
Y la fantasía onírica del que recuerda.
Ah tanto tiempo, tía Lucia,
La más querida de mi,
La abandonada, la madre del impuro,
Impuro de tu vientre el heroísmo,
Ah Lucia,
La que nació ayer,
Y todos los días,
La que implora con su carácter ensimismado,
Un día más,
Y ese día se le entrega,
Y lo recibes con júbilo.
Y con ese desden alegre,
Y esa sonrisa entre labios,
Boca de horizonte,
Pequeños ojos estrellados,
No tienes problemas con nadie, ya has pagado todo,
Solo le debes a la muerte,
Y por eso vives tranquila,
Con tu hijo,
Con tu nieto,
Con lo que siga,
Eso me enseñas, Lucia, la tía Lucy,
Me enseñas a no implorarle más a la vida,
O de lo que venga, tomarlo
Tomarlo,… ¿Que mas da?