Soneto III.
Puedo escuchar en paz a mis deidades,
Que me aconsejan sigilosamente
No esconderme tan minuciosamente,
En mis variadas personalidades.
Dejo de lado las banalidades,
Y abro mi corazón como un demente,
Pensando en trascender eternamente,
Desarrollando mis tonalidades.
Pero cuando me miras con desprecio,
Y la soledad sujeta mi mano
Entonces el hado es más ruin y recio
Así refuerzo el caminar mundano,
Y me he de volver insolente y necio
Para conquistar el pensar humano.
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