Uno nunca sabe que puede encontrar en una pecera,
Se mete la cara,
Se abren los ojos,
Sonríe el alma,
Y una buena noche aparece frente a ti una sirena,
Uno habla, como merolico,
Acerca de la ironía de la ilusión,
Promueve la utopía de la felicidad,
El silbido de la ausencia,
La rebelión del sentir,
Y de pronto ¡puff!
Esta frente a la mujer ideal,
Uno tiende placenteramente la mano a la incertidumbre,
Al refugio de un sexto sentido,
Anhela lo desconocido,
Y espera lo que viene,
Recolecta momentos imaginarios,
Y un buen día,
El destino se sienta a tu lado,
Y te invita, sonriendo, a seducir al futuro.
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